La rue du Nançon toma su nombre del pequeño río que atraviesa todo este barrio.
Durante siglos, este curso de agua sirvió tanto como defensa para el castillo, formando sus fosos, como recurso económico para los habitantes.
Sus aguas alimentaban numerosos molinos y talleres artesanales, esenciales para la vida de la ciudad: curtidores, pañeros, tintoreros y tejedores.